Recupero el placer de los cantos rodados, las aguas claras y una ración de higos chumbos fresquitos degustados al amanecer, a la salida del sol.
El salitre del Mediterráneo ha de obrar el milagro en mi piel y en mi alma.
El 8 de febrero comencé el régimen de Dukan, que da cierta preeminencia a las proteínas. Tiene enormes ventajas: a finales de julio ya había pasado de 104 kilos a unos 77.
Pero muy pocos saben que esta dieta tiene algunos efectos colaterales: pérdida de la libido, posibles efectos sobre la pared estomacal y un aumento de la inflamación en el caso de los artríticos.
Yo sabía esto y en agosto me tomé un mes de paréntesis, haciendo deporte y comiendo sano, pero más variado (es decir, aumentando los hidratos).
La inflamación ha remitido. Ahora hay que redirigir la tercera fase de la dieta (estabilización y consolidación).
A ello voy en este mes de septiembre, y me será fácil recordando la orgía de los sabrosos higos chumbos, del buen vino tinto y algunas piezas de otras frutas.
Si no recupero la disciplina volveré al centenar y no me apetece. Y además duele.
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jueves, 1 de septiembre de 2011
viernes, 11 de diciembre de 2009
Errar es humano, por Amando de Miguel, en LD
Javier Zarranz me envía la siguiente perla, oída en La 2 de TVE: "El primer contrincante [del equipo español] para disputar la Copa Davis del año 2008 será Perú. El equipo de tenis de España tendrá que aclimatarse a la altitud de Lima". Desde luego, llama la atención lo de la dramática "altitud de Lima". Es una ciudad prácticamente costera, por lo que su altitud es mucho menor que la de la muchas ciudades españolas del interior, por ejemplo, Madrid. Lo de aclimatarse tendrá que ser más bien a la temperatura, el hemisferio y la humedad. Aunque situada en el trópico, Lima se ve favorecida por la corriente fría de Humboldt, por lo que goza de una temperatura suave. Lo peor es la contaminación de la atmósfera y la de una sociedad corrupta y dislocada. Pero esa es otra historia.
Humberto García Rebagliato (Torrevieja, Alicante) me corrige con acierto: la tramontana es viento del Norte que sopla en el golfo de León, Cataluña y Baleares. En contra, asimismo, de lo que yo decía, don Humberto sostiene que "el bochorno no es un viento; es el efecto de una determinada situación atmosférica que produce esa conocida sensación" [de calor].
Estamos en las mismas. La "situación atmosférica" que dice don Humberto es la que aparece dominada por el viento Sur, africano, caluroso. Después de todo, bochorno deriva de vulturnus (= viento caluroso del Sur).
Dice el Diccionario de Autoridades que bochorno es "vapor caliente y molesto que levanta el viento Solano en el Estío". Antes, el Tesoro de Covarrubias propone que bochorno es una corrupción de "boca de horno", pues "es el tiempo de mucho calor, cuando corre un viento caliente que lo abrasa todo". No creo que hoy se pueda mantener esa etimología. M. Cardona insiste en que "el bochorno no es viento sino aire caliente y molesto que se levanta en el estío", y concluye rezongón: "Se ve que es usted de tierra adentro". Cierto es, porque en mi tierra (adentro) al viento lo llaman aire. Pero ¿qué es el viento sino aire en movimiento?
Para los romanos el viento vulturnus era el que soplaba entre el eurus (Levante) y el notus (Mediodía), es decir, el Sureste. Pero era un viento tórrido, no simplemente un "aire caliente".
Mariano Planells (Ibiza) me da una lección sobre los vientos de su tierra. Parece un texto de Séneca, que escribió un completo tratado sobre los vientos.
Resumo los vientos baleáricos:
* tramuntana. Norte, frío.
* mestral. Noroeste. Limpia la atmósfera.
* gergal o gregal. Noreste (¿de Grecia?).
* levante. Este. Ahora lo llaman "gota fría".
* xaloc. Sur. Trae temporales.
* mig jorn (= mediodía). Sur.
* llebeig (= lebredu). Húmedo.
* ponent. Oeste. Cálido.
Recibo una multitud de correos en los que los corresponsales me señalan mi error al confundir la Guerra del Chaco con la de la Triple Alianza. Ahora lo tengo claro. La Guerra del Chaco fue entre Paraguay y Bolivia de 1932 a 1935. Fue una guerra crudelísima por la disputa de unos terrenos baldíos en los que se pensó que había petróleo. No lo hubo y en el empeño resultó diezmada la población paraguaya. La Guerra de la Triple Alianza se entabló entre Brasil, Argentina y Uruguay, por un lado, contra Paraguay. Tuvo lugar entre 1865 y 1870. También aquí el resultado fue un desastre para los paraguayos, tan desproporcionadas eran las fuerzas de uno y otro bando. Añado que resulta sorprendente la coincidencia de una serie de agitadas guerras y revoluciones en la década de los años 60 del siglo XIX y luego en la misma década del siglo XX.
Recordemos la Guerra Civil de los Estados Unidos (1861-65), la de la Triple Alianza (1865-70), la Revolución Gloriosa en España (1868) y la consiguiente Guerra Carlista, la Revolución Meiji en Japón (1868). La Revolución de Juárez en México (1867). Los años 60 del siglo XX son testigos de la Guerra de Vietnam y de las guerras de independencia de muchas colonias. Lo más curioso de todas esas "sincronicidades" de ambos siglos es que coinciden con sendos periodos de extraordinario desarrollo económico, quizá los más intensos de toda la Historia. Isidoro Sánchez Torres (Toledo) me envía una "pequeña corrección" de mi frase "no me resisto a hurtar a los lectores esta deliciosa postdata". Entiende don Isidoro que yo quería decir "me resisto a hurtar..." puesto que transcribí la postdata. Tiene razón don Isidoro. La verdad es que esa construcción con varias negaciones siempre es un lío. Habría sido mejor decir "no me resisto a transcribir" la postdata de marras. O mejor aún: "me satisface transcribir...".
Raquel Pérez Mena (Sevilla) recoge una crítica que me hacía una libertaria advirtiéndome que "gallo" en griego era alektryon. Doña Raquel certifica que, en griego moderno, "gallo" se dice kókoras, esto es, con el sentido onomatopéyico que yo decía. Siguiendo con lo mismo, J.J. Carballal me da la razón sobre la relación que existe en francés entre coquelicot (= amapola) y el canto del gallo. Miguel Ángel Gallego Matías me echa un rapapolvo por haber escrito yo güay con diéresis. No soy consciente de haber cometido esa barbaridad, pero si así ha sido, pido perdón. Ya se sabe que al mejor escribano alguna vez se le escapa un borrón, tanto más una diéresis mal puesta. En este caso se me cruzó la dendrita de Paraguay con la de Camagüey.
Libertad Digital
Columna publicada el 19-10-2007
El largo viaje a Itaca, por Kavafis
Cuando emprendas tu viaje a Itacapide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.
C. P. Cavafis. Antología poética.
Alianza Editorial, Madrid 1999.
Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña
Otra versión de ITACA
Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.
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La balada de Ifigenia, por Haris Alexiou
Ithaki: una versión en griego
¿Pero la isla, metáforas al margen, como podría ser?
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