domingo 5 de febrero de 2012

Charles Dickens y las mujeres

Dickens con sus hijas maryores -Mary y Kate- en su casa de Londres



Fue el primer escritor global, el equivalente a una estrella del pop en la época victoriana. De su talento literario dan fe clásicos como `Oliver Twist´, `Cuento de Navidad´ o `David Copperfield´. De su apasionante vida, una parte se mantuvo en secreto durante años. Nos adentramos en la historia del genial escritor, cuando se cumplen doscientos años de su nacimiento, a través de su intensa vida sentimental.


Aquel fin de semana de mayo de 1837 que acabaría en tragedia, no pudo comenzar mejor para el joven Charles Dickens. El sábado por la mañana se había publicado una nueva entrega de Los papeles del Club Pickwick, su primera novela, y su editor le había confirmado que era un éxito, un acontecimiento seguido por miles de británicos. Por la tarde había ido con su esposa, Catherine Hogarth, al estreno de una obra de teatro que él había escrito, una comedia titulada Is she his wife?, or, something singular!, celebrada con risas y aplausos por el público. A sus 25 años, la vida de Dickens -cronista parlamentario y autor en alza- no podía ir mejor. Pero esa noche iba a producirse un giro inesperado en su existencia. Al regresar del teatro a casa, se encontraron con que la hermana de Catherine, Mary, de 17 años, que vivía con ellos, se había indispuesto. La joven se sintió mal durante toda la noche, y al día siguiente murió (posiblemente de un paro cardiaco, aunque nunca se supo con certeza) en los brazos del propio Dickens. De la mano sin vida de Mary, el escritor, afectado como pocas veces en su vida, extrajo el anillo que su cuñada lucía en un dedo y se lo colocó en uno de los suyos. Lo llevó hasta su muerte, 43 años después. 

Tan romántico gesto y el hecho de que Dickens no ocultase su enorme aflicción por la muerte de Mary ha dado para todo tipo de especulaciones. Ella era «bella, dulce, con luz propia», según quienes la conocieron; «el espíritu que dirige mi vida», escribiría Dickens. En su correspondencia hay numerosas referencias a las veces en que sueña, vívidamente, con su cuñada e incluso en 1842, cuando visita las cataratas del Niágara, dice que le parece oír la voz de Mary entre el estruendo del agua. Con todo, sus biógrafos no creen que hubiera una relación más que fraternal con ella. Para él era una representación de la inocencia y la ternura. Y su muerte marcó muchas de sus obras posteriores, como Oliver Twist y La vida y aventuras de Nicholas Nickleby. Pero la relación de Dickens con las mujeres a lo largo de su vida no fue, en absoluto, platónica. Su primera novia fue Maria Beadnell, un amor a primera vista, pasional, cuando tenía 20 años. Aunque no parece que ella estuviese enamorada de él con la misma intensidad, lo que acabó con aquel romance no fue la falta de pasión, sino las diferencias sociales. Maria era hija de un banquero, Dickens un estenógrafo y reportero de familia de clase media venida a menos, a mucho menos. El escritor había nacido en Portsmouth, en el seno de una familia con posibles que las deudas del padre llevó a la ruina. El pequeño Dickens no fue escolarizado hasta los nueve años. Su escasa formación será un argumento recurrente para sus críticos a lo largo de toda su vida. Pero él supo sacarle partido a esa rémora para convertirse en un gran observador de todo lo que lo rodeaba sin estereotipos creados y devorar los escasos libros que su padre no empeñó... como el Quijote. En 1824, cuando Dickens tenía 12 años, se produjo un hecho que marcó su vida y parte de su obra: las deudas llevan a prisión a su padre. Al pequeño Charles lo ponen a trabajar en una fábrica de betún por seis chelines semanales, con los que debía pagar su hospedaje y ayudar a su familia. El fallecimiento de la abuela paterna parecía que iba a cambiar las cosas: dejó en manos de la familia una herencia considerable, que la madre de Dickens utilizó para sacar de prisión a su padre, pero no a él de su esclavo y miserable trabajo, una experiencia próxima a la orfandad que él reflejó después en Oliver Twist. Dickens nunca perdonó a su madre por aquella decisión. La vida daría un giro de 180 grados cuando la familia se trasladó a Londres y él consiguió un trabajo de pasante en un bufete de abogados. Poco después, su capacidad de trabajo y sus ganas de plasmar todo lo que veía, acompañado por un curso de taquigrafía, le permitieron ser contratado por el Morning Chronicle como reportero político. Pero todavía estaba lejos de hacerse un nombre. Por eso, al rico padre de Maria le parecía que aquel jovencito no podía satisfacer las necesidades de su hija y acabó convenciéndola. Ella se casó con un hombre de mejor familia. 

Después de la ruptura con Maria Beadnell, Dickens puso sus ojos en la joven Catherine Hogarth, cuyo padre, el avispado editor George Hogarth, los había puesto antes sobre él. El que sería su suegro -ya que en 1836 Charles y Catherine se casan- seguía sus crónicas, que iban más allá de lo político, llegando a convertirse en auténticas crónicas de sociedad, y le ofreció publicar una serie en esta línea bajo el seudónimo de Boz, para no entorpecer su labor como periodista político. Ese mismo año se lanzaron Los apuntes de Boz y Los papeles póstumos del Club Pickwick. Su éxito fue inmediato por dos motivos: la gente vio reflejado en ellos su vida cotidiana, entremezclando miserias y esperanzas y, además, al ser por entregas, era más fácil económicamente poder adquirirlos. En Catherine, Dickens encontró, más que una esposa, un ama de casa y una madre que le daría diez hijos. Su relación se deterioró pronto y solo se mantuvo por los imperativos de una sociedad estrictamente puritana (hasta el extremo de aconsejar, en aras del decoro, no mezclar en una misma estantería los libros escritos por hombres y por mujeres, a no ser que los autores estuviesen casados). Catherine vivía entre embarazos y depresiones y Dickens, a medida que triunfaba y se reafirmaba, se hacía más insufrible. La relación se hizo intolerable por momentos. Frederick Evans, quien publicó varios libros de Dickens, relató que no podía tolerar la rudeza de Dickens hacia su esposa, ya que «la insultaba gravemente en presencia de los niños, invitados y empleados». 

El final de aquel matrimonio tuvo un guion propio de una novela de enredos. Dickens encargó un brazalete de oro y el joyero, pensando que era para su esposa, lo entregó en su casa. Pero aquella joya no era para Catherine, sino para Ellen Ternan, una joven actriz que Dickens -metido a empresario teatral a sus 45 años- había contratado para la obra The frozen deep. De nada sirvieron las explicaciones del escritor cuando decía que entre ellos no había nada y que en el mundo de la farándula era habitual hacer regalos a las actrices. En 1858 se separaron, pero no hubo divorcio, impensable en aquella época. Más aun para alguien como Dickens, una celebridad del momento. La sociedad victoriana que celebraba las Navidades con sus cuentos no hubiese aceptado que su gran autor dejase a su mujer y a sus diez hijos por otra mujer 27 años más joven que él. Habría sido un escándalo. 

Dickens se esforzó mucho en mantener su relación con Ellen en secreto. Ni sus amigos conocían a Nelly, como él la llamaba, pese a que se veían hasta tres veces a la semana, sobre todo aprovechando los continuos viajes de él. Era su amante y su musa. 

Para evitar ser pillados, Dickens alquiló un cottage en Slough, donde se podía encontrar con Nelly lejos de las miradas inquisitivas de Londres. También tuvieron, se cree, un nido de amor en Francia. Un documental de la BBC sugiere, de hecho, que en Francia tuvo Nelly un bebé, que murió poco después del parto. No hay información al respecto porque los editores y los biógrafos de Dickens se empeñaron en tapar esta relación. Era un escándalo inconveniente para el marketing de la época. Pero un accidente ferroviario en 1865 destapó el affaire o, al menos, alimentó los rumores. Regresando de Francia, el tren descarriló en Staplehurst. Murieron diez personas y más de 50 resultaron heridas. Seis vagones cayeron al río y un séptimo se quedó suspendido en el aire. En él iba Dickens con Ellen Ternan y su madre. Salieron ilesos del accidente, pero no indemnes en su privacidad. Ellen tenía ya 26 años y llevaba ocho de relación con el escritor, una relación que duraría aún cinco años más, hasta la muerte de Dickens, en 1870. Ella, cabe pensar, fue el gran amor de su vida, pero no hay pruebas irrefutables. Seis años después de la muerte del autor de Oliver Twist, Ellen se casó con un reverendo, con quien tuvo dos hijos. Su nueva familia nunca supo de su relación con Dickens. Ella jamás habló de ello con nadie ni dejó ningún escrito al respecto. Y eso que vivió 44 años más. En cambio, quien sí quiso que se reconociese no solo su papel como esposa, sino como mujer amada por el genio literario, fue Catherine. En su lecho de muerte, en 1879, le dio a uno de sus hijos las cartas que le había escrito Dickens durante su noviazgo con el encargo expreso de llevarlas al Museo Británico y un objetivo: «Que todo el mundo sepa que una vez me quiso».
Javier Sanz

XL Semanal

lunes 2 de enero de 2012

Dragón de Agua en 2012


Es difícil entender al dragón. Parece que flota a otro nivel suprahumano. Razona de tal manera las cosas que puede dar vueltas a cualquier tradición aceptada por todos... menos por él. Es capaz de convencer a cualquiera que sea un poco inteligente, pero le costará hacerse entender si su auditorio tiene una capacidad intelectual normal. Por eso es posible que se sienta solo algunas veces.

También el dragón disfruta de su condición diferente y a veces se escuda en ella para huir de muchos compromisos sociales. Los que le conocen se lo pueden pasar muy bien con él, ya que es imprevisible y nunca sabrás qué será lo próximo que diga o haga. Son independientes y procuran no necesitar de nadie en el trabajo. Por eso se les verá iniciando su propio negocio e impulsándolo con ideas imaginativas y novedosas.

Aunque no se lo digan, el dragón sabrá que siempre tiene la razón y que aunque se equivoque, habrá sido un experimento fallido, necesario en la rueda de la evolución hacia una perfección mayor y que le servirá para no volverse a equivocar nunca más.

El dragón, por lo que hace y por lo que dice, dará la sensación a los demás de que es de otra dimensión, posiblemente de una dimensión superior al hombre. De ahí, que unos lo admirarán y se someterán a sus órdenes, otros lo odiarán y procurarán tenderle zancadillas para verle caer, mientras que otros le observarán como un bicho raro, más bien desde lejos y sin acercarse. Mientras que los demás no saben muy bien cómo comportarse con el dragón, algunos dragones han aprendido, desde su inteligencia, a actuar de muy diversas formas, para adaptarse a los demás. Esta habilidad no la tienen todos los dragones. Más bien, la mayoría tiende a ser tal y como es, pensando que forzar su forma de ser es un gasto de energía inútil y pensando también que los que tienen que adaptarse son los demás y no ellos.

Aunque el dragón es inteligente es posible que no se de cuenta de muchas cosas, que están a un plano humano, como las segundas intenciones, los dobles sentidos y todas aquellas actitudes humanas tendentes al engaño y a la maldad. Por eso, los dragones pueden sufrir malos momentos en su relación con los demás.
(...)



El Dragón de Agua - 1892, 1952, 2012

Un tipo de Dragón menos imperioso, capaz de óptimo crecimiento y expansión. Puede hacer a un lado su ego en bien de todos, y es menos egoísta y obstinado. Persona inhibida, pero progresista, se empeña mucho en no ser tan conspicuo como los otros Dragones ávidos de poder. Tampoco es que se lo pueda considerar conciliatorio. Es capaz de adoptar una actitud de «vamos a ver qué pasa», y su ingenio es tan formidable como su fuerza de voluntad.
La vida del Dragón de Agua se ajusta a la filosofía de la fidelidad a sí mismo, y no procurará vengarse de quienes opten por el camino opuesto al suyo. Democrático y de mentalidad liberal, puede aceptar sin amargura el rechazo o la derrota.
El Agua es calmante y benéfica para este signo lunar, y el Dragón de Agua sabrá actuar con prudencia y hacer lo que es esencial para su progreso. Es rápido y confiable, y capaz de promover sus ideas con infatigable devoción. Es posible que alcance éxito como negociador, ya que sabé cuándo, dónde y cómo aplicar la fuerza.
Su desventaja principal es que, como constructor, puede padecer de un exceso de optimismo que lo Ileve a olvidarse de reforzar los cimientos. Por el intento de abarcar demasiado, es posible que lo pierda todo. Debe aprender a hacer elecciones difíciles y a renunciar a todo aquello que es imposible o innecesario. Así podrá dedicar sus energías a menos empresas, pero más gratificantes.

Sitio Hispano de Astropología

viernes 23 de diciembre de 2011

Un fenicio goza de la Guadalupe telúrica

Guadalupe ciudad, como extensión del monasterio, acoge al peregrino con un manto protector invisible que te hacen sentir en paz con la naturaleza magnífica y con el gentío que te rodea


Un fenicio goza de la Guadalupe natural, histórica, cultural y se acoge al manto de la Virgen, gran matrona de la Hispanidad y que tantos beneficios ha distribuido generosamente por toda América.

Entro en la iglesia catedral, mientras están diciendo misa. Es domingo. Me adhiero al rito con recogimiento mientras mis pies incansables no cesan de guiarme por las galerías, me enfrentan a nuevas capillas.
Estamos contemplando una joya del arte y de la religiosidad más intensas de todo el planeta y sólo dispongo de unas horas. La Virgen no solo me perdona mi pulsión peripatética, uno diría que me incita a moverme para que goce, quizás, de lo que tantos predecesores fueron creando con su fe y su laboriosidad.

-- Ven y cuéntalo Mariano, que viene de María.

Dejaré que las cosas fluyan, que ocurran. Esto pienso mientras guardo cola para ver el Museo, las pinturas de Goya, Zurbarán, El Greco y muchos otros y pasearme por el claustro mudéjar, tan barroco y tan equilibrado al mismo tiempo (ver fotografías del fenicio enclaustrado).

Mi acompañante me avisa: "Acabo de ver a Pablo Castellanos".
El abogado extremeño y este fenicio compartieron algunas sesiones de cháchara en Ibiza en los años 80, en compañía de Juan Tur Ramis y otros amigos de la época. Intento localizarlo para darnos un apretón de manos, pero ya ha desaparecido, en un ambiente cargado de peregrinos.
Si Pablo me lee, le mando un abrazo fenicio. Otra vez será.

Salgo, salimos, para apreciar el mudéjar, el gótico, el arte renacentista, para oler las calles... con las balconadas cargadas de plantas y flores a rebosar.





Las callejuelas de Guadalupe me recuerdan las de Dalt Vila (Ibiza), Patrimonio universal de la Humanidad. O las de Cáceres, o las de Toledo. Unas calles que caminé, que subí con furia y que bajé con destreza para evitar los resbalones en los cantos rodados muy esmerilados. Era un adolescente con buenas piernas.

Podría vivir en Guadalupe,  con sus hermosos balcones y con sus 2.000 habitantes, pero comprendo que estas urbes cerradas, casi medievales, agobian a mucha gente. Subir y bajar es una de las exigencias magnéticas y neumáticas que al cabo del día se te  requieren al menos dos veces.
O mueres reventado de joven o llegas a los cien años, pues la vida no admite demoras ni rendiciones. Estás o no estás.

Estuve. Me quedé con ganas de quemar más tocino fenicio, pero mi fenicia casi se puso a llorar de cansancio, subidones, bajadas y hambre. Vivir en la Edad media requiere controlar también las indiscreciones del llanto inoportuno, el mismo que invade a los deportistas cuando han hecho un gran esfuerzo o a los premiados que han pasado años de penuria y sufren un atragantamiento de emociones oscuras.
Fui comprensivo muy a mi pesar y fuimos a comer. Más morcilla, una pieza de vacuno excelente y ensalada, mucha ensalada y un buen vino tinto selecto macerado en Extremadura, una tierra noble que exuda historia y calidades.





Una vez que hemos dado cuenta de este excelente yantar y de la dosis correspondiente de buen vino, nos sentamos en la terraza central, donde todo pasa y nada chillón ocurre. Mucha gente viene de paso y marchará con su vehículo dentro de unas horas. Pero es gente civilizada, limpia y previsible, como la hubo hace cuarenta años en Ibiza y en tantas costas de toda España.


Mientras doy cuenta de mi gintonic, aprovecho para leer un poco de historia sobre este faro de luz y de religión que irradió a gran parte de España, pero básicamente hacia el Oeste, hacia América.
El fenicio está muy orgulloso de ser de Ibiza, la Ibiza de antes; y un poco cohibido por la Ibiza de hoy, que me da vergüenza, pero desde la llegada de aquellos fenicios, al menos 800 años antes de que naciera el Nazaremo los pitiusos acumulamos mucho material en densidad humana, artística, patrimonial.

Pero, pero, siempre hay un pero, no somos los únicos. Cuando se contempla la ciudad y el Patrimonio de Guadalupe uno detecta que grandes cosas sucedieron aquí y partiendo desde aquí.
Y seguro que siguen ocurriendo: no estemos ciegos ni perdamos la esperanza.
Dejemos que las cosas ocurran, aun encriptadas por su telurismo profundo, recordando que muchas generaciones nos han precedido levantando estas venerables paredes, los arcos, tallando piedra y sudando vida.
Quizás no debiéramos hacer caso de los malos presagios ni abandonarnos a los augurios saturnales. Sólo con la lucha atenta y con una presencia cotidiana y testaruda saldremos de cualquier tribulación y superaremos los escollos. Seguro.



Guadalupe está en Cáceres,  pero la diócesis depende de Toledo, lo cual duele mucho a los extremeños, como es comprensible. La visité en octubre del 2011. 
Quizá te guste leer un poco sobre su historia en la Wikipedia.
Pero te encantará un video que publiqué en mi blog Extremadura Digital en alta definición
Suerte, amigos y que la Virgen nos ilumine, aunque no creas en la luz.

domingo 20 de noviembre de 2011

Otras joyas que me alegran la vida


Hay pequeñas cosas y cosas enormes que nos suelen hacer la vida más llevadera. Puede ser un viaje, un animal volandero o una música volátil que prende y deja huella para siempre, recuerdos indelebles, visiones del momento.
Incluso pueden ser ser emergencias amenazantes o experiencias terribles: saca del mal su belleza para superarlo y vencerlo o al menos distraerlo.
Todos las tenemos por decenas, afortunados aquellos que las tienen a centenares: se llama impregnación con el planeta o en el planeta.












  • Addendum Zeitgeist corregido












  • Gran Hermano de Orwell, español










  • Y aquí tienes más: Algunas joyas que valoro con mucho aprecio







  • Y aquí más
  • domingo 16 de octubre de 2011

    En el recinto amurallado de San Salvador, Artá, Mallorca





    En pleno agosto es una delicia recoger la caricia de las brisas en el recinto amurallado de San Salvador, en Artá, en el Nordeste de Mallorca.
    ¿Es posible recogerse en Artá, que no llega a siete mil habitantes, sin necesidad de desembocar en la populosa Palma? No sólo eso, es que es recomendable.
    Esta zona fue en su tiempo conocida por sus fincas interminables. Ahora la costa -muy bien conservada- ofrece algunos núcleos de población, pero de unos centenares de habitantes, aunque en verano llegan unos miles. Nadie se salva de los veraneantes.
    Artá está arrinconado, pero bendecido por los aires más frescos de la tramontana. Es uno de los sitios más hermosos de Mallorca, doy fe.

    jueves 1 de septiembre de 2011

    Higos chumbos y dieta Dukan, verano 2011

    Recupero el placer de los cantos rodados, las aguas claras y una ración de higos chumbos fresquitos degustados al amanecer, a la salida del sol.
    El salitre del Mediterráneo ha de obrar el milagro en mi piel y en mi alma.


    El  8 de febrero comencé el régimen de Dukan, que da cierta preeminencia a las proteínas. Tiene enormes ventajas: a finales de julio ya había pasado de 104 kilos a unos 77.
    Pero muy pocos saben que esta dieta tiene algunos efectos colaterales: pérdida de la libido, posibles efectos sobre la pared estomacal y un aumento de la inflamación en el caso de los artríticos.
    Yo sabía esto y en agosto me tomé un mes de paréntesis, haciendo deporte y comiendo sano, pero más variado (es decir, aumentando los hidratos).



    La inflamación ha remitido. Ahora hay que redirigir la tercera fase de la dieta (estabilización y consolidación).
    A ello voy en este mes de septiembre, y me será fácil recordando la orgía de los sabrosos higos chumbos, del buen vino tinto y algunas piezas de otras frutas.
    Si no recupero la disciplina volveré al centenar y no me apetece. Y además duele.


    miércoles 17 de agosto de 2011

    La felicidad está en el mar


    El artista Sergio Ferrero presenta mañana su libro ´Pacha Ibiza 1979, en el que relata su travesía en windsurf de Ibiza a Barcelona



    Sergio Ferrero acompañado de su hijo en una exposición en El Bar, en una imagen de archivo.  LORENA PORTERO



    LAURA RIERA | IBIZA ­El artista y exdeportista Sergio Ferrero (Bucarest, 1942) presentará mañana, a las 20.30 horas, en el Club Diario de Ibiza, su libro ´Pacha Ibiza 1979. Cómo empezó todo´, en el que relata su travesía en windsurf de Ibiza a Barcelona. Este recorrido de 36 horas y 160 millas realizado el 19 de octubre de 1979 le ha servido de «excusa» para explicar su vida en la isla durante ese año, subrayar la importancia de la libertad y «para demostrar que se puede ser feliz fuera de los esquemas normales» de la sociedad.

    «Siempre se necesita una excusa para decir cosas y para este libro a mí me ha servido de excusa la travesía en windsurf desde Ibiza a la Ciudad Condal», cuenta Ferrero, que describe este viaje como «toda una aventura».
    Ferrero nació en Bucarest el 30 de julio de 1942, pero a los pocos meses su familia se trasladó a Italia, país que abandonó para residir en la capital francesa. En París, un amigo que había visitado Ibiza le aconsejó vivir en la isla y le hizo caso. «Volví a mi país para poder viajar a la isla en mi barco, que se llama ´Bárbara´», explica Ferrero. «Un barco de madera con velas, construido en Gosport en 1923 [...] Lo compré en Italia, pagándolo con mis cuadros», señala el artista en su libro.

    Respecto a la razón por la que destaca Pacha en el título de este relato autobiográfico, se debe a la importancia que tuvo esta discoteca en su vida. «Yo iba allí a bailar cada noche. Antes era muy diferente, ahora hay muchos turistas», comenta este italiano afincado en Ibiza. En las primeras páginas de ´Pacha Ibiza 1979. Cómo comenzó todo´ Ferrero narra su experiencia del 3 de noviembre de 1979, día en el que intentó regresar a Ibiza desde Barcelona sobre su tabla. «El mal tiempo me lo impidió», reconoce. A este desafío frustrado le sigue un episodio de nueve páginas denominado ´Autorretrato´. En él se recoge una entrevista que le hizo el periodista Mariano Planells, que Ferrero califica de «muy interesante». En ella se define como liberal, «pero no en el sentido político de la palabra», sino en el filosófico. «Por eso vivo en mi velero en el medio del mar», le respondía Ferrero a Planells.

    Y en el mar es donde quería estar. Por eso no es de extrañar que el windsurf fuera su deporte favorito. Además, fue campeón de Italia en 1976 y 1979. «En este último año un amigo me propuso el desafío de navegar de Ibiza a Barcelona y decidí hacerlo», recuerda. Después de 32 años le animaron a plasmar sus recuerdos de aquella aventura en un libro. «En aquella época las tablas y las velas eran muy rudimentarias», señala el artista. «Durante el trayecto se me pasaron por la cabeza muchas cosas. El libro habla, sobre todo, de mis pensamientos en esa travesía y, además, sirve de ayuda», apunta Ferrero. «Cuando yo estaba sobre la tabla pensaba en positivo. Pasé frío, miedo y muchos momentos de angustia, pero cuando uno empieza una cosa tiene que acabarla», considera.

    Además, ´Pacha Ibiza 1979. Cómo empezó Todo´ se completa con las vicisitudes de Ferrero en la isla durante ese año. «Hay un poco de explicación sobre mi vida, que se resume en la búsqueda de la libertad y de la felicidad fuera de los esquemas normales», adelanta el escritor. «Si alguien que no me conoce lee este libro encontrará una vida diferente de un deportista tremendo y a una persona muy sana que nunca ha bebido ni ha tomado drogas», asegura Ferrero. «Quiero recalcar en mi obra que se puede alcanzar la felicidad total a través de la creatividad o del deporte», expone el artista. «Así es como he sido y soy feliz», concluye Ferrero.



    Diario de Ibiza

    miércoles 3 de agosto de 2011

    Las guerras de toda la vida: 'Tengo cáncer de pulmón' (Horacio Vázquez-Rial)

     La muerte, es decir, la vida

    Por Horacio Vázquez-Rial

    Los amigos de Facebook lo saben. Mis lectores, aún no. Por eso lo escribo aquí hoy, acompañando unas reflexiones sobre la muerte, la mortalidad y la vida que les debo desde hace tiempo. Tengo cáncer de pulmón.
    Sería un idiota si esto me cogiera por sorpresa, y un mentiroso si fingiera sorprenderme. He fumado más de cuarenta cigarrillos diarios durante medio siglo. Si fueran cincuenta, ya estaría contando por encima de los 900.000: Un millón de cigarrillos tituló su libro de recuerdos Marcello Mastroianni porque era lo que estimaba haber fumado en los 72 años que vivió. Bebió menos de lo que fumó, pero murió de cáncer de páncreas. Otros llegan a la misma situación sin haber inhalado humo de tabaco en su vida, por una inclinación genética o, quizás, un accidente de programación, pero es verdad que el tabaco mata.

    Fue en la presentación del libro de Mastroianni, póstuma, por supuesto, donde empecé a pensar en esta cuestión, y hablé de ella largamente aquella noche con mi querido y admirado Imanol Arias, un hombre que lo entiende todo. Hace de eso ya catorce años. Yo tenía cincuenta y había visto unas cuantas cosas, muchas de ellas de muy joven, trabajando en un hospital de oncología.

    En 1983 publicó José Agustín Goytisolo el último volumen de la colección de poesía Ocnos, en la que se habían ido recogiendo los poetas de la generación del 50 española e hispanoamericana. Era un libro del gran poeta cubano Pablo Armando Fernández, que el autor había titulado en origen Aprendiendo a vivir, y que José Agustín editó finalmente, tras una larga discusión, como Aprendiendo a morir. La idea era que lo que uno aprende en la vida es a morir, entre otras cosas, porque cuando la experiencia acumulada puede servirnos, suele ser tarde.

    Tengo la convicción de que, si no hay interrupciones injustas debidas a la violencia o a desviaciones accidentales del destino, la naturaleza, creación perfecta, nos prepara con el correr de los años para la muerte. Así como se ha demostrado que la percepción del paso del tiempo se acelera a partir de los cincuenta por un proceso hormonal, se demostrará finalmente que cambia en el mismo sentido nuestra noción de la vida y de su final inevitable: si a los veinte es una idea horrible, abismal, a los sesenta se considera su posibilidad como algo mucho menos tremendo, y he visto gente mucho mayor morir por decisión o renuncia o simple cansancio.

    Vengo de familias longevas por ambos padres, y siempre me asombró ver cómo sus miembros vivían como si fueran a ser eternos. Uno de mis tíos abuelos maternos tuvo a los ochenta una hija, nacida el mismo año que la mayor de las mías. Quedó huérfana a los quince, como era de esperar para todos menos para el padre, incapaz de darse cuenta de que no podría cumplir por entero su cometido. Vivir como si la vida no fuese un proceso con final no sólo es un error, sino que puede hacer daño a otros. Pero la gente vive mayoritariamente así porque la muerte le da miedo.

    No tengo miedo a la muerte. Ninguno. Soy agnóstico, pero he vivido según la norma pascaliana, "como si Dios existiera". No temo, pues, al juicio divino ni a la nada. Por razones culturales que no desprecio en absoluto, he nacido y moriré como católico, en la comunidad en la que fui acogido por el bautismo, despidiéndome serenamente confiado a la tradición, que puede resultar tan poderosa como la fe porque no creo en Dios, pero creo en los que creen.
    Me da miedo el dolor físico. En el terrible Buenos Aires de 1973 y 1974, cuando dominaba la Triple A de López Rega, yo solía ir armado y dispuesto a disparar, tal vez al aire antes que a alguien, no porque creyera que podía defenderme de facinerosos habituados a actuar en grupo, sino para que me dispararan a su vez y me mataran, eludiendo así la consabida y segura tortura. Habría que estar tan preparado para el dolor como para la muerte, pero eso es privilegio de unos pocos elegidos por la disposición a la disciplina, como Lawrence de Arabia.

    Me da miedo la miseria derivada del dolor, la vida inconsciente, la dependencia de personas o aparatos, la inmovilidad, el no valerse. Durante los diecisiete días que pasé en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, en su mayor parte sujeto a un tubo de drenaje, fui cuidado por mi familia, que sacrificó sus vacaciones y sus noches de sueño para estar conmigo. No quiero que las vidas de los demás se inviertan en mí, no es justo para nadie. Es una experiencia que ya hice. La primera vez, cuando aún no habían nacido mis hijas, superé una pancreatitis sujeto a una bomba que me vaciaba el estómago y lleno de morfina hasta las cejas. No pude decirle a nadie que no se tomara el trabajo de visitarme porque yo no me enteraba. La segunda, hace dieciocho años, tuve (o "hice", como dicen los médicos con razón) un infarto. Fue breve y leve. Ahora estoy ante un enfermedad larga, salga de ella como salga, vivo o muerto.

    Esta enfermedad no es algo personal, o ya no lo es. Lo fue al principio, en su misterioso desarrollo a partir de la suma de tabaco y depresión: uno "hace" su cáncer como somatización de un estado realmente espantoso, oscuro. Pero ahora, curarlo o no es cosa que se hará por medio del saber médico acumulado por la humanidad en su conjunto, por medio de un médico que reúne todo eso y lo aplica a este pobre cuerpo mío, ignorante y en decadencia desde hace mucho.

    Tengo que estar dispuesto a soportar las consecuencias de los tratamientos de quimioterapia y, tal vez, de radioterapia. El cáncer, las células perversas que lo componen, tiene que morir por envenenamiento. Me van a dar veneno, químico o nuclear, en la esperanza de que mis propias células sanas sean más resistentes que las cancerosas; pero tendrán que resistir y eso no se hace sin esfuerzo. Es por eso que no pocos de los que han superado el trance se sienten orgullosos y consideran que esa resistencia es un mérito personal, que han "vencido" a la enfermedad. En realidad, la enfermedad es vencida por el veneno que la medicina ha aprendido a elaborar. O, por el contrario, ese veneno no consigue su cometido y el mal sigue proliferando y el enfermo muere, sin tener la menor culpa. No se trata, como me han dicho muchos, de tener una visión "positiva" del problema, aunque sepamos que la depresión hace daño.

    Creo que eso es todo.

    Horacio Vázquez-Rial

    Libertad Digital

    martes 28 de junio de 2011

    Bob Marley en Ibiza, 1978


    El día que Ibiza descubrió el reggae

    Hoy se cumplen 33 años del primer concierto de Bob Marley en España



    Tal día como hoy pero de hace 33 años Bob Marley ofreció en la vieja Plaza de Toros junto a su grupo The Wailers su primer concierto en España en un gran escenario el que destacaba un enorme León de Abisinia.
    Según cuentan algunas crónicas de la época, no llenó y el sonido no fue el mejor pero todo eso dio igual, ya que la mayoría de los que estuvieron comparten una misma sensación de fortuna y privilegio por verle.
    Uno de los que más cerca estuvo de él fue Francesc Fabregas, que acaba de presentar en Formentera una antología de sus más de tres décadas como fotógrafo musical. Por aquel entonces, trabajaba para la legendaria revista Vibraciones y gracias a ello, cuando los periodistas Ángel Casas y Carlos Tena le esperaban a pie de pista para entrevistarle, tomó una de las pocas imágenes que se conservan del cantante jamaicano de su estancia en la Isla saliendo del aeropuerto con su guitarra. En este sentido, el catalán subraya que «aunque he fotografiado a multitud de cantantes durante toda mi trayectoria Bob Marley desprendía un aura y un carisma que no tenía nadie».
    Algo en lo que también coinciden otras personas españolas de entre la mayoría de extranjeros que acudieron hasta la hoy desaparecida Plaza de Toros, a pesar de que la entrada costaba 1.000 pesetas, toda una fortuna para el español de la época.
    Así, el periodista y poeta Julio Herranz, quién puede ‘presumir’ de «alquilarles dos o tres coches enormes a toda la tropa puesto que trabaja por aquel entonces en una empresa de rent a car», guarda en su memoria el carisma especial que desprendía.
    Después, de su estancia en el concierto, Herranz, destaca sobre todo «la comunión física y espiritual que se produjo entre el público asistente y los cantantes durante la actuación gracias a las letras, el ritmo de la música reggae que ofrecían y todo lo que se fumaba».
    Igual sensación tuvo el promotor musical Miquel Prats Botjia, que acudió al concierto con 17 años y que guarda como un tesoro la entrada. No en vano asegura que «todos los años cuando llega el 28 de junio pongo un pequeño altar en mi casa con todo lo que guardo de Bob Marley y nos pasamos todo el día escuchando su música con los amigos.
    Y eso que aquel 1978, ‘Botjà’ asegura que «no conocía mucho a Bob Marley pero a fuerza de escucharlo en la radio me enamoré de su música y cuando fui al concierto me pareció una experiencia mágica que nunca olvidaré, y más sabiendo todo lo que ha rodeado a su figura después».
    Por su parte, el periodista Mariano Planells recuerda de aquella cita «que aunque el sonido no fue el mejor, fue todo un placer escucharles porque el ambiente era muy animado y porque posiblemente estuviéramos ante una de las últimas demostraciones de fuerza que se vivieron de la Eivissa hippy».
    Algo que quedó aún más patente cuando Bob Marley murió en Florida el 11 de mayo de 1981, víctima de un cáncer a la edad de 36 años, y sólo tres años después de su concierto en la Isla.

    martes 22 de marzo de 2011

    Con María Gorgues en Palma de Mallorca, 1973


    Esta fotografía la usé en 1986 para ilustrar una exposición de mis fotografías de tipo periodístico, en la sala de Cultura de la Caja de Ahorros Sa Nostra, Ibiza.

    Quince años de periodismo, 1971-1986.

    Esta imagen pertenece a una serie de fotos que el director de cine Paco Poch nos hizo en Palma en 1973. La modelo es María Gorgues,  modelo, periodista de radio y televisión (TV3, etc.) catalana. La niña no recuerdo bien quién es, pero es muy maja y como una cara muy espabilada.
    Esta melena mía se estaba despidiendo, porque entonces todavía existía la mili obligatoria y encima me había tocado en sorteo El Aaiún (Sahara).