domingo, 18 de mayo de 2014

No te detengas, Walt Whitman (1819 - 1892)

Walt  Whitman, ilustración de Kike de la Rubia (ABC)

NO TE DETENGAS
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ...

Versión de: Leandro Wolfson



Vía PersonArte

sábado, 10 de mayo de 2014

En Elvas, para despedir un invierno lluvioso

Con esta foto queda despedido el invierno
aunque se sabe por experiencia que hasta el 40 de mayo
no te quites el sayo.
Con el doctor Juan Romero, en Elvas, Portugal.
Una maravillosa ciudad, Patrimonio de la Humanidad,
como mis queridas Cáceres, Toledo o Ibiza.

Queda dicho: fuera la gorra y el abrigo al ropero

domingo, 4 de mayo de 2014

La censura en los libros: El resto es silencio

Kafka, con su amigo y albacea, Max Brod

P.Unamuno

Hogueras, picotas y secciones prohibidas de bibliotecas han sido destino de innumerables libros a lo largo de la Historia. Sin embargo, por muy sistemática y voraz que fuera la persecución de los dictadores o de instituciones como la Inquisición, ninguna censura ha sido nunca más eficaz que la que algunos autores se han impuesto a sí mismos. Muchos de los lectores conocen sin duda la voluntad de Kafka de que al fallecer fuese quemado todo lo que había escrito -no sólo sus textos literarios, sino cualquier testimonio suyo sobre papel-, y que si hoy tenemos acceso a grandes obras como 'El castillo' o 'El proceso' se debe a la 'traición' de su albacea y amigo Max Brod. Virgilio dispuso que a su muerte no pudieran publicarse sus manuscritos inconclusos, pero el emperador Augusto decidió pasarse la prohibición por el arco del triunfo (estaba demasiado acostumbrado a vencer), razón por la que hoy conocemos 'La Eneida'.
Muchos narradores llegaron a pensar que la palabra es incapaz de penetrar en la verdad
El escritor y crítico literario alemán Werner Fuld sostiene que «en la mayoría de los casos, lo que lleva a un autor a destruir su obra es la conciencia de su imperfección». Al parecer, el estadista Solón entregó a las llamas sus versos porque no aguantaban la comparación con los de Homero. Platón hizo lo propio y destruyó también sus tragedias al conocer a Sócrates. Faltaba mucho para que triunfaran los libros de autoayuda (cómo subir la autoestima y otras zarandajas), pero atención, advierte Fuld, tales anécdotas no sólo son incomprobables sino que agrandan la fama del poeta y «la consideración que merece la obra conservada, única en pasar la criba de la autocensura».
El marketing, como vemos, asomaba ya la patita en tiempos remotos. En fechas más cercanas a las actuales, Truman Capote se ocupó muy bien de airear que, después de la feliz acogida dispensada a Desayuno con diamantes, había dado a la máquina de triturar una novela que a su

jueves, 10 de abril de 2014

Lágrimas negras

DANZA DE BES

El ministro de la cama negra

por Jorge Montojo


Ya tenemos al Ministerio de Industria haciendo la cama al Govern en su lucha contra las prospecciones petrolíferas de una multinacional extranjera. Es una cama negra, con sábanas de chapapote, de la que solo puede salir un engendro. Los más cínicos lo esperábamos, pero eso no quiere decir que dejemos de considerarlo como una vil traición. Hay que batallar más y mejor, y confiar en el sentido común de Cañete antes que en la intransigencia de Soria (a quien Vicent Serra acusa de incumplir la tramitación administrativa para ayudar al enemigo). El Ministerio de Medio Ambiente tiene mucho que decir en este tema, aunque de momento calle estruendosamente.
El empecinamiento del ministro estreñido en hacernos la cama solo se comprende desde la estupidez o por tenebrosos intereses personales. La sociedad baleárica ya ha decidido que no quiere ser Noruega al precio de destrozar el Mare Nostrum. La manifestaciones han sido muy claras al respecto. El rechazo es total. Y por eso los políticos isleños por fin se han puesto a trabajar que, al principio, cuando las denuncias de Mariano Planells y Abel Matutes todavía eran un grito en el desierto, guardaban el silencio de los

domingo, 6 de abril de 2014

Susana Martínez-Conde: «Necesitaríamos un cerebro del tamaño de un edificio para percibir fielmente la realidad»

Día 05/04/2014 

La cámara de un móvil tiene mayor resolución que el ojo humano, pero el cerebro recurre a trucos para lograr una imagen más nítida y detallada, aunque menos fiel


Foto Víctor Lerena
Susana Martínez-Conde nació en la Coruña y se doctoró en la Universidad de Santiago. En la actualidad dirige el laboratorio de Neurociencia Visual del Instituto Barrow (Phoenix, EEUU). Esta neurocientífica de renombre internacional ha visitado esta semana Madrid invitada por la Universidad Europea para impartir una conferencia sobre “Los engaños de la mente” en el "Aula Europea de Psicología”. La mayor parte de lo que percibimos es una ilusión, asegura, trucos del cerebro para hacer frente a sus limitaciones “técnicas”.
Para esta neurocientífica los magos son manipuladores natos de la atención y la consciencia, una teoría aparentemente frívola que sin embargo ha merecido un hueco en la revista "Nature Rewiews". Y es que, dice, la magia es un arte de los más académicos. Durante el minuto que dura un truco los magos manipulan nuestra atención recurriendo a esos puntos débiles del cerebro para apilar una ilusión tras otra, y hacernos creer que incluso las leyes físicas quedan abolidas de forma mágica.
-¿El cerebro se inventa la realidad?
-El cerebro inventa la mayor parte de la realidad, porque a pesar de ser una estructura complejísima es también muy limitada. Cualquier cámara de móvil tiene mayor resolución que el ojo humano. Tenemos un millón de fibras en el ojo y eso hoy en día en una cámara de fotos no es nada. Sin embargo, nuestra visión es mucho más nítida y detallada que la de la mejor cámara. Eso se debe a que no nos basamos sólo en la información que registramos. El cerebro está muestreando puntos de información crítica de la escena que nos rodea, los que tienen mayor contenido de información. Pero quedan muchos huecos que rellena mediante un proceso activo de construcción de nuestra percepción visual que se corresponde bastante bien con la realidad, pero

lunes, 24 de febrero de 2014

Ensayos de George Orwell

Rafael Narbona

Foto de la cartilla militar del Orwell como miembro del POUM español.

“Si algo significa la libertad, es el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír”. George Orwell nunca se desvió de esta consigna, lo cual le costó agravios, calumnias e incomprensiones. Su pluma nunca fue complaciente, sumisa o aduladora. Se le acusó de colaborar con la CIA y el Servicio de Inteligencia británico, delatando a escritores y actores comunistas, pero la realidad es que se limitó a entregar una carta a su amiga Celia Kirwan, que trabajaba para el Foreign Office, descartando una serie de nombres para un ciclo de conferencias sobre el estalinismo. No se ha difundido con tanto énfasis que en 2005 el Servicio de Inteligencia británico desclasificó unos documentos, admitiendo que vigiló al escritor durante doce años por sus convicciones izquierdistas. La edición en castellano de los Ensayos de Orwell nos permite al fin una perspectiva amplia, que despeja cualquier duda sobre su posición política y su sentido ético. Orwell nunca dejó de ser socialista, pero su experiencia en la guerra de España le reveló que la URSS no encarnaba ningún ideal utópico. Su producción ensayística y periodística comienza en 1928 y finaliza en 1949. Sus primeros textos (“El albergue”, “En el trullo”, “Casas de Posada”) reflejan su aguda sensibilidad social y su compromiso antifascista. No es un sarampión juvenil, sino una actitud que se prolonga hasta el final. Cuando en 1949 escribe “Un

domingo, 23 de febrero de 2014

La mujer que más amó Machado, por Andrés Amorós

Antonia Machado en el café Las Salesas
Antonio Machado muere en Collioure el 22 de febrero de 1939. Setenta y cinco años después, continúan las polémicas sobre Guiomar, su amor de la madurez. La historia de su matrimonio es bien conocida: en 1907, Antonio va a Soria como catedrático de Francés. Allí conoce a Leonor, la hija de su patrona, que tenía entonces 14 años. Dos años después se casan. En París, ella sufre una hemorragia que -según el poeta- «fulminó nuestra felicidad». Muere de tuberculosis el año 1912, el mismo año en que se publica «Campos de Castilla». El poeta expresa su dolor con versos conmovedores: «Señor ya me arrancaste lo que yo más quería... / Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar». Esta tragedia acentúa su tendencia a la soledad y la melancolía.
En 1929, publica Machado sus Canciones a Guiomar: ¿se trata de una mujer de carne y hueso o de un puro pretexto literario, como el de tantos escritores? La respuesta llega en 1950, al publicar Concha Espina su libro «De Antonio Machado a su grande y secreto amor» incluye, mutiladas, cartas de amor del poeta y da por muerta a Guiomar, sin revelar su identidad. El escándalo, en el mundo literario, es notable. Siguen luego libros de Justina Ruiz de Conde, José María Moreiro... La revelación definitiva llega con el libro póstumo de Pilar de Valderrama, «Sí, soy Guiomar. (Memorias de mi vida) (1981)». Finalmente, en 1994, Giancarlo

jueves, 20 de febrero de 2014

1984: Treinta años después, la vigencia de Orwell estremece

Juan Bonilla




Leída en 1984, a los diecisiete años, la novela de Orwell era una obra maestra del horror y la angustia. Nos impresionaba mucho -en plena movida- el dibujo apocalíptico que en la novela se trazaba: la reclusión de los individuos en una uniforme masa productiva, células de una entidad poderosa a las que se les había extirpado la conciencia. Que se tratara del retrato más o menos fidedigno del estalinismo - osea de un pasado remoto- no dejaba de ser paradójico: Orwell había alzado una distopía mediante la estrategia de retratar una realidad sospechada que, con la floración de documentos y más documentos, quedó confirmada de la A a la Z.Así que Orwell planteaba para el futuro -terminó la novela en 1948, penúltimo año de su vida, pues murió en enero de 1950, y barajó las últimas cifras del año para darle título a la obra- una imagen del presente, utilizando además, de manera ya indiscutible, aunque sea tontería hablar de plagio, una novela anticipadora como Nosotros,de Zamyatin (que se tradujo al inglés en 1924), que Orwell reseñó en 1946.

Leída ahora, treinta años después, su vigencia, a pesar de la supuesta derrota de los totalitarismos, parece innegable toda vez que la novela interpela a un nuevo totalitarismo enmascarado, en el que las células de la entidad poderosa ya no necesitan siquiera que se les extirpe la conciencia, sino todo lo contrario: habiéndoles vendido la idea del yo, la de la libertad plena, la del derecho a la información, la de la oferta y la demanda, se las ha convertido en elementos muy parecidos a los que pueblan las páginas de la novela de Orwell, agigantando el paisaje de ésta, que ya no es sólo el de una precisa realidad totalitaria en la que el poder maneja mediante la política del “miedo total” a sus súbditos, sino que puede ser, perfectamente, el de las sociedades aparentemente libres en las que el Big Brother también lo controla todo, en la que cada vez se potencia más la policía del pensamiento, en la que con ardides, en principio plausibles como “lo políticamente